Abogado y directivos de una empresa conversan en una sala de reuniones en Bogotá

Asesoría legal permanente para empresas: cuándo conviene y qué debe cubrir

Actualizado el 16 de junio de 2026 · Fabio Castro Forero

Asesoría legal permanente para empresas: cuándo conviene y qué debe cubrir

Acompañamiento legal continuo para empresas que necesitan tomar decisiones con criterio jurídico antes de que el problema se vuelva un litigio o una sanción.

Categoría Derecho Corporativo Actualizado 16 de junio de 2026 Autor Fabio Castro Forero

Asesoría legal permanente para empresas: cuándo conviene y qué debe cubrir

La mayoría de los problemas legales de una empresa no llegan de golpe. Llegan tarde. Una carta que ya se envió, un contrato que ya se firmó, un despido que ya se hizo, un acta que nunca se levantó. La asesoría legal permanente existe para cambiar el momento de la conversación: pasar de reaccionar a una demanda a decidir, antes, con criterio jurídico.

Acompañamiento legal continuo no significa tener un abogado esperando a que estalle un pleito. Significa incorporar criterio jurídico en la forma en que la empresa contrata, despide, cobra, negocia, responde requerimientos, documenta decisiones y protege sus activos. Es una capa de orden que se nota poco cuando funciona —porque su trabajo es que las cosas no lleguen a litigio— y se echa mucho de menos cuando falta.

Esta guía explica cuándo conviene contratar una asesoría permanente, qué frentes cubre, cómo se trabaja mes a mes y qué decisiones no deberían tomarse sin revisión previa. Y, porque buena parte del riesgo empresarial vive en lo societario, apoya esos puntos en la norma que los respalda —en especial la Ley 1258 de 2008 sobre la SAS— y en la doctrina de la Superintendencia de Sociedades, con una lista de verificación para evaluar si su empresa ya necesita este acompañamiento.

En breveLa asesoría legal permanente sirve para llegar antes: antes de firmar, de despedir, de responderle a una autoridad o de dejar una decisión societaria sin acta. Conviene cuando la empresa firma contratos seguido, tiene empleados y socios, recibe requerimientos o maneja marca y cartera. En lo societario, ese criterio recurrente ayuda a cumplir reglas que la ley ya fija: convocar la asamblea con la antelación debida (art. 20), respetar quórum y mayorías (art. 22), ordenar acuerdos de accionistas que convivan con los estatutos (art. 24) y atender los deberes de los administradores (art. 27 de la Ley 1258 de 2008, que remite a la Ley 222 de 1995). Prevenir cuesta menos que litigar.

La idea central

Abogado externo permanente para decisiones empresariales

Una asesoría legal permanente no es tener un abogado a la espera de una demanda. Es incorporar criterio jurídico en la operación: en cómo la empresa contrata, despide, cobra, negocia, responde requerimientos, documenta decisiones y protege sus activos. La diferencia con el modelo tradicional —llamar al abogado cuando ya hay un problema— es el momento. Y en derecho, el momento lo es casi todo.

El valor está en llegar antes. Antes de enviar una carta que compromete la posición de la empresa. Antes de firmar un contrato con una cláusula imposible de cumplir. Antes de terminar un vínculo laboral sin prueba suficiente. Antes de responderle a una superintendencia, a la DIAN, a un socio inconforme o a un cliente corporativo. Casi todos esos momentos comparten un patrón: son baratos de resolver mientras son una decisión y caros de resolver cuando ya son un hecho consumado.

Para empresas que crecen, venden servicios recurrentes, manejan empleados, tienen socios, contratan proveedores o atienden clientes importantes, la asesoría permanente puede convertirse en una capa de protección y de orden. No reemplaza a la gerencia ni a la contabilidad; ayuda a que esas decisiones tengan soporte legal. La gerencia decide el negocio; el contador ordena las cifras; la asesoría se asegura de que la forma en que se documenta y se ejecuta cada decisión resista una mirada externa —la de un juez, una autoridad, un comprador en una debida diligencia o un socio que mañana discrepa—.

El mapa del riesgo

Qué problemas resuelve una asesoría legal permanente

Los problemas que ordena una asesoría permanente no son excepcionales: son los que la empresa produce todos los días sin notarlo. Conviene verlos juntos, porque rara vez vienen solos —un mismo hecho suele tener cara contractual, laboral, societaria y tributaria a la vez—.

FrenteQué aparece en el día a día
Contratos que se firman seguidoClientes, proveedores, aliados, arrendamientos, confidencialidad, prestación de servicios, suministros, distribución y terminación.
Decisiones laborales sensiblesContratación, otrosíes, llamados de atención, descargos, incapacidades, estabilidad reforzada, teletrabajo, seguridad social y terminaciones.
Conflictos entre sociosActas, mayorías, pactos, aportes, préstamos, dividendos, salidas, bloqueo, información y límites del representante legal.
Requerimientos de autoridadesDIAN, UGPP, Ministerio del Trabajo, superintendencias, consumidor, datos personales, alcaldías, secretarías o entidades sectoriales.
Propiedad intelectual y marcaRegistro, uso, licencias, cesiones, oposición, infracciones, software, dominios, contenidos y activos intangibles.
Riesgos de caja y carteraCobros, acuerdos de pago, garantías, mora, cláusulas penales, soportes de deuda y comunicaciones que preparan una eventual reclamación.

El frente societario merece una nota, porque es donde un descuido de forma se vuelve un problema de fondo. Las decisiones de la asamblea, por ejemplo, no valen solo por lo que se acuerda, sino por cómo se acuerda: una reunión sin la convocatoria debida (art. 20 de la Ley 1258 de 2008) o tomada sin el quórum y las mayorías que exigen los estatutos y la ley (art. 22) puede dejar la decisión expuesta a impugnación. Una asesoría permanente cuida esa mecánica antes de que se convierta en la grieta por donde se cuela un conflicto.

Seis frentes, una sola lógica

Frentes de acompañamiento para empresas

El acompañamiento no es un servicio difuso de "asesoría general". Se organiza por frentes, cada uno con un objeto claro de revisión y un riesgo concreto que busca evitar. Así la empresa sabe qué entra en cada conversación y por qué.

FrenteQué se revisaQué busca evitar
SocietarioActas, estatutos, reformas, poderes, pactos, conflictos, representación, libros y gobierno corporativo.Decisiones impugnables, socios sin reglas, administradores expuestos o firmas sin autorización.
Laboral y seguridad socialContratos, reglamentos, procesos disciplinarios, incapacidades, fueros, nómina, PILA, SG-SST y terminaciones.Reintegros, indemnizaciones, sanciones, tutelas, demandas y contingencias de seguridad social.
Contratos comercialesClientes, proveedores, aliados, confidencialidad, garantías, incumplimientos, terminación, cesión y responsabilidad.Obligaciones desproporcionadas, cobros débiles, pérdidas de margen o conflictos por mala redacción.
Tributario y contable jurídicoSoporte de operaciones, requerimientos, obligaciones formales, facturación, retenciones, contratos y estructura.Riesgos con DIAN, UGPP, municipios, deducciones discutibles o decisiones con costo fiscal no calculado.
Propiedad intelectual y datosMarcas, software, bases de datos, licencias, autorizaciones, confidencialidad, uso de imagen y protección de información.Perder activos intangibles, usar marcas sin protección o tratar datos sin soporte suficiente.
Administrativo sancionatorioVisitas, requerimientos, permisos, respuestas, pruebas, expedientes, recursos y programas de cumplimiento.Multas, cierres, sanciones, respuestas improvisadas o pérdida de oportunidades probatorias.

Hay un cumplimiento que atraviesa varios de estos frentes y conviene no perder de vista: el Registro Único de Beneficiarios Finales (RUB), que obliga a la sociedad a identificar ante la DIAN a las personas naturales que realmente la controlan o se benefician de ella. Es una obligación con fundamento en los artículos 631-5 y 631-6 del Estatuto Tributario (incorporado por la Ley 2155 de 2021) y reglamentado por la Resolución DIAN 000164 de 2021. Tiene cara tributaria, societaria y de cumplimiento a la vez: si la realidad del control no coincide con lo registrado, el problema aparece justo en el peor momento —una fiscalización, una operación de venta, una apertura bancaria—.

Cómo se ve en la práctica

Cómo trabajamos mes a mes

Una buena asesoría permanente no se mide por cuántas reuniones genera, sino por cuántos problemas evita sin ruido. Para eso necesita un método: una rutina que ordene las consultas, distinga lo urgente de lo importante y deje rastro de cada decisión. Así trabajamos el acompañamiento mensual.

1Canal de consulta. La empresa centraliza sus consultas legales recurrentes para que gerencia, administración o los responsables internos no decidan a ciegas. Tener un solo lugar donde preguntar —y donde queda registro de lo preguntado y lo respondido— evita el patrón más costoso: decidir primero y consultar después.
2Priorización de riesgos. No todo necesita la misma profundidad. Clasificamos los asuntos en urgentes, sensibles, preventivos y documentales para responder con proporción. Un contrato menor no debe consumir el mismo tiempo que una terminación laboral con riesgo de reintegro o una reforma estatutaria que toca el control de la sociedad.
3Revisión y redacción. Revisamos y redactamos contratos, comunicaciones, actas, políticas, otrosíes, respuestas a autoridades, acuerdos de pago y documentos internos. Aquí se construye la memoria documental de la empresa: que cada decisión sensible quede en un documento que la respalde, no en la memoria de quien estuvo en la reunión.
4Reunión de seguimiento. Cuando el volumen o la sensibilidad lo exige, ordenamos pendientes, responsables, documentos faltantes y decisiones que debe tomar la empresa. No es una reunión de relleno: es el momento de cerrar lo abierto y de prevenir lo que se ve venir.
5Escalamiento de asuntos especiales. Si aparece una demanda, una sanción, un conflicto societario, la compra de activos o una negociación compleja, ese asunto se separa de la operación diaria y se maneja con estrategia propia, alcance definido y un acuerdo aparte. La asesoría permanente previene y ordena; los asuntos de alto impacto se atienden sin mezclarlos con el flujo cotidiano.

La pregunta del momento

Cuándo conviene contratar asesoría permanente

La necesidad de una asesoría permanente no depende tanto del tamaño de la empresa como del riesgo de decidir sin soporte. Una compañía pequeña que firma contratos corporativos, tiene socios y maneja una marca puede necesitarla más que una más grande pero estable y sin movimientos sensibles. Estas señales ayudan a reconocer el momento:

  • Contratos sin revisión frecuente: la empresa firma con clientes o proveedores sin que un criterio jurídico revise las cláusulas de responsabilidad, garantías y terminación.
  • Decisiones laborales sensibles: hay empleados, contratistas, comisiones, cargos de confianza, fueros o terminaciones que pueden activar reintegros o indemnizaciones.
  • Socios que deciden por confianza: las decisiones societarias se toman por chat, correo o de palabra, sin actas ni reglas claras de mayorías y representación.
  • Requerimientos respondidos a la carrera: la empresa recibe requerimientos de autoridades y los responde de forma improvisada, sin cuidar plazos ni pruebas.
  • Activos intangibles relevantes: existen marcas, software, bases de datos, metodologías, diseños o contenidos que aportan valor pero no están debidamente protegidos.
  • Cartera documentada tarde: los cobros, los acuerdos de pago y las garantías se formalizan de manera informal o cuando la mora ya es difícil de recuperar.
  • Empresa en crecimiento: la operación se está profesionalizando y necesita orden jurídico sin asumir todavía el costo de un área legal interna de tiempo completo.

Si reconoce varias de estas señales en su empresa, probablemente ya está asumiendo el costo de no tener asesoría —solo que ese costo aún no se ha hecho visible en forma de demanda, sanción o conflicto—. Marcar arriba lo que aplica a su caso es un buen punto de partida para conversarlo.

Antes de dar el paso

Decisiones que no deberían tomarse sin revisión previa

Hay decisiones empresariales que, mal ejecutadas, son difíciles o imposibles de corregir después. No porque sean complejas en sí mismas, sino porque cierran puertas: una vez tomadas, ya no se puede volver atrás sin costo. En estas cinco, una revisión previa suele valer mucho más de lo que cuesta.

DecisiónPor qué es sensibleQué conviene revisar antes
Terminar un contrato laboralPuede activar reintegro, indemnización, tutela o una discusión probatoria.Hechos, prueba, estabilidad reforzada, procedimiento, comunicaciones y costo.
Firmar con un cliente corporativoUna cláusula de responsabilidad puede destruir el margen del contrato.Alcance, garantías, penalidades, datos, confidencialidad, propiedad intelectual y terminación.
Responder un requerimientoUna respuesta incompleta puede cerrar puertas probatorias.Plazo, competencia, pruebas, tono, anexos, recurso posible y estrategia documental.
Prestar dinero entre socios y empresaPuede mezclarse con dividendos, aportes, préstamos, impuestos o abuso de administración.Soporte, aprobación, plazo, intereses, contabilización, impuestos y acta.
Lanzar una marca o productoLa empresa puede invertir en un nombre que después no puede registrar ni defender.Búsqueda, registro, clases, uso, contratos, licencias, dominios y riesgos de oposición.

El préstamo entre socios y empresa merece un comentario aparte, porque es donde más se confunde el patrimonio de la persona con el de la sociedad. Un anticipo informal, repetido en el tiempo, puede leerse luego como dividendo encubierto, como aporte no documentado o como una operación en conflicto de interés. Aquí entran en juego los deberes de los administradores: el artículo 27 de la Ley 1258 de 2008 remite a la Ley 222 de 1995, que exige obrar de buena fe, con lealtad y en interés de la sociedad (C-123/2006, Corte Constitucional), y abstenerse de participar en actos en los que haya conflicto de interés sin la autorización debida. Documentar el préstamo —soporte, plazo, intereses, aprobación y acta— no es burocracia: es lo que protege al administrador y a la empresa si alguien lo cuestiona.

No decidir en compartimentos

Coordinación con contadores, RR. HH. y gerencia

Las decisiones empresariales rara vez son puramente jurídicas. Un contrato puede tener efecto tributario; una terminación laboral puede afectar el clima interno; una reforma estatutaria puede cambiar el gobierno de la sociedad, la sucesión, la relación con bancos o la entrada de inversión; una respuesta a una autoridad puede exigir soporte contable, técnico y operativo. Tratar cada cosa por separado es la forma más común de crear un problema nuevo al resolver otro.

Por eso la asesoría permanente debe conversar con quienes ya toman decisiones dentro de la empresa: gerencia, administración, contabilidad, recursos humanos, el área comercial y los socios. La idea no es burocratizar la operación ni convertir cada gestión en un trámite, sino evitar que cada área resuelva por separado un problema que, jurídicamente, está conectado. El abogado no reemplaza al contador ni al gerente; traduce sus decisiones a riesgo y a soporte.

Cuando ese acompañamiento funciona, la empresa gana memoria documental. Los asuntos dejan de depender de quién recuerda una llamada o de dónde quedó un chat, y empiezan a sostenerse en contratos, actas, soportes, correos, políticas y rutas de decisión. Esa memoria es, además, lo primero que pide un comprador en una debida diligencia, un banco al estudiar un crédito o un juez al revisar quién autorizó qué. Una organización que decide bien pero no deja rastro es frágil sin saberlo.

Por qué el orden societario protege al administrador y al socio minoritario

La Superintendencia de Sociedades ha mostrado, en sus decisiones, hasta dónde llega el deber de los administradores de actuar en interés de la sociedad y no en el suyo propio. En la Sentencia n.° 800-52 del 9 de junio de 2016 (Delegatura de Procedimientos Mercantiles, caso Gyptec S.A.), la Superintendencia analizó los deberes de los administradores a la luz del artículo 23 de la Ley 222 de 1995 y la protección del accionista minoritario frente a la opresión o expropiación de sus derechos económicos en una sociedad de familia. La lección práctica para el día a día es directa: las decisiones que toma quien administra —contratos con partes relacionadas, repartos, préstamos, manejo de información— deben quedar documentadas y obedecer al interés social, no al de quien tiene el control.

Conviene precisar el alcance: se trata de una decisión en un caso concreto, no de una regla general aplicable a toda empresa de forma automática. Pero refleja el criterio de la autoridad que vigila a las sociedades y ayuda a entender por qué una asesoría permanente insiste tanto en las actas, las autorizaciones y la trazabilidad: son la prueba de que el administrador obró como debía.

Leer la Sentencia n.° 800-52 de 2016 →

Lo que llega tarde

Los problemas que llegan tarde: gobierno, actas y prevención

Hay una clase de problemas empresariales que casi siempre se descubre tarde: los de gobierno corporativo. No avisan. La empresa funciona, crece, factura —y un día una decisión que se tomó sin acta, un acuerdo entre algunos socios que contradice los estatutos o un voto usado para perjudicar a otro se convierte en una disputa que paraliza la compañía. Prevenir esa clase de conflicto es, quizá, lo que mejor justifica una asesoría permanente.

El primer frente es el de las decisiones de la asamblea. Una decisión societaria vale por su contenido, pero también por su forma. La convocatoria debe hacerse con la antelación que fijan la ley y los estatutos —el artículo 20 de la Ley 1258 de 2008 prevé un mínimo de cinco días hábiles cuando los estatutos no dispongan otra cosa—, y la reunión solo decide válidamente si cumple el quórum y las mayorías exigidos —el artículo 22 forma el quórum con la mitad más una de las acciones suscritas, salvo lo que ajusten los estatutos—. Cuidar estos dos detalles, que parecen formales, es lo que evita que una decisión importante quede expuesta a impugnación meses después.

El segundo frente es el de los acuerdos de accionistas. El artículo 24 permite a los socios pactar entre ellos reglas sobre compra y venta de acciones, preferencia o sentido del voto, con vigencia de hasta diez años prorrogables. Es una herramienta valiosa, pero tiene un límite que conviene tener claro antes de firmar.

El acuerdo de accionistas no puede desconocer las reglas de los estatutos

En el Oficio 220-099807 del 16 de mayo de 2023 (asunto: SAS — pacto entre accionistas), la Superintendencia de Sociedades recordó que el acuerdo del artículo 24 puede versar sobre cualquier asunto lícito, pero que "no basta que el asunto resulte lícito; también se requiere sea posible su interacción con lo normado… en los estatutos sociales". En otras palabras: el régimen de mayorías y las demás reglas fijadas en los estatutos no pueden ser desconocidos aisladamente por un pacto entre algunos accionistas, y el sentido del voto pactado no debe pugnar con el contrato social.

Para una empresa, esto significa que el acuerdo privado complementa los estatutos, no los reemplaza. Si el pacto promete una mayoría, una preferencia o una facultad que los estatutos no permiten, lo prudente es reformar primero los estatutos para que ambos documentos digan lo mismo. Conviene recordar que los conceptos de la Superintendencia son orientaciones generales y no de obligatorio cumplimiento (art. 28 del CPACA), pero reflejan el criterio de la autoridad que vigila a las sociedades.

Leer el Oficio 220-099807 de 2023 →

El tercer frente es el de los conflictos que ya escalaron, y para los que la ley reserva remedios fuertes. Cuando un accionista usa su voto —de mayoría, de minoría o de paridad— para obtener una ventaja injustificada en perjuicio de la sociedad o de otros socios, el artículo 43 sanciona ese abuso del derecho de voto con nulidad de la decisión e indemnización de perjuicios, ante la Superintendencia de Sociedades. Y cuando la sociedad se utiliza para defraudar a terceros o burlar la ley, el artículo 42 permite la desestimación de la personalidad jurídica —el levantamiento del velo corporativo—, con responsabilidad solidaria de accionistas y administradores, declarada también por la Superintendencia. Son la prueba de que el orden societario no es un formalismo: es lo que separa una sociedad sólida de una que, llegado el conflicto, no resiste el examen. Para profundizar en el régimen completo de la SAS, puede consultar la cartilla «Cien preguntas y respuestas sobre la SAS» de la Superintendencia de Sociedades.

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Para que pueda verificarlo usted mismo

Fuentes y normativa citada

Contenido preparado por Cafore Abogados para orientación general en Colombia. La estrategia concreta depende de los documentos, la actividad económica, la estructura societaria, los socios y las decisiones pendientes de cada empresa. Última revisión editorial: junio de 2026.

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Preguntas frecuentes sobre derecho de sociedades

¿Qué es una SAS y por qué es la forma societaria más usada en Colombia?
La Sociedad por Acciones Simplificada (SAS) es un tipo societario creado por la Ley 1258 de 2008 que se constituye mediante documento privado, admite un solo accionista y ofrece gran flexibilidad estatutaria. Su popularidad obedece a que los accionistas responden solo hasta el monto de sus aportes y a que los estatutos pueden adaptarse con amplitud a las necesidades de cada proyecto empresarial.
¿Cómo se constituye una SAS en Colombia paso a paso?
La SAS se constituye mediante documento privado con autenticación notarial de firmas o mediante escritura pública si se aportan bienes sujetos a registro, conforme al artículo 5 de la Ley 1258 de 2008. Dicho documento debe inscribirse en el Registro Mercantil de la Cámara de Comercio del domicilio principal, momento en que la sociedad adquiere personalidad jurídica.
¿Los accionistas de una SAS responden con su patrimonio personal por las deudas de la empresa?
Conforme al artículo 1 de la Ley 1258 de 2008, los accionistas responden hasta el monto de sus respectivos aportes, de modo que su patrimonio personal queda separado del de la sociedad. Sin embargo, esa protección puede desestimarse si se acredita que la sociedad fue usada en fraude a la ley o en perjuicio de terceros, figura conocida como levantamiento del velo corporativo.
¿Qué cláusulas son obligatorias en los estatutos de una SAS?
El artículo 5 de la Ley 1258 de 2008 exige que los estatutos contengan razón social, domicilio, término de duración, objeto social, capital autorizado, suscrito y pagado, forma de administración y causales de disolución si se quiere pactar alguna. La ausencia de alguno de estos elementos puede generar problemas de registro o de validez de la actuación societaria posterior.
¿Esto reemplaza contratar un abogado interno?
Depende del tamaño de la empresa. Para muchas compañías, una asesoría externa permanente permite tener criterio jurídico recurrente sin asumir todavía un cargo interno de tiempo completo. Si la empresa ya tiene equipo legal, también puede servir como apoyo especializado en asuntos puntuales —societario, laboral sensible, propiedad intelectual— donde un segundo criterio externo aporta valor.
¿La asesoría permanente cubre demandas o procesos grandes?
La asesoría permanente ayuda a prevenir, ordenar y atender consultas recurrentes. Cuando aparece una demanda, una investigación, una negociación de alto valor o un proceso especial, se define una estrategia y un alcance separados, para no mezclar la operación diaria con litigios complejos. Esa separación protege ambas cosas: el flujo cotidiano sigue ordenado y el asunto grande recibe la dedicación que necesita.
¿Sirve para empresas pequeñas?
Sí, si la empresa toma decisiones con impacto económico relevante: empleados, contratos, socios, marca, cartera, proveedores, autoridades o clientes corporativos. La necesidad no depende solo del tamaño, sino del riesgo de decidir sin soporte. Una empresa pequeña que firma contratos corporativos y tiene socios puede necesitarla más que una grande pero estable.
¿Cómo se evita que la asesoría se vuelva lenta?
Separando consultas simples, asuntos urgentes y decisiones estratégicas. La asesoría debe ayudar a operar mejor, no convertirse en un trámite adicional. Por eso se prioriza, se documenta y se define cuándo basta una respuesta corta y cuándo se necesita una revisión profunda. El objetivo es que el criterio jurídico llegue a tiempo, no que frene la operación.
¿Por qué insisten tanto en las actas y la documentación?
Porque una decisión sin soporte es difícil de defender después. En lo societario, una reunión sin la convocatoria debida (art. 20 de la Ley 1258 de 2008) o sin el quórum y las mayorías requeridos (art. 22) puede quedar expuesta a impugnación; y los deberes de los administradores (art. 27, que remite a la Ley 222 de 1995) se prueban, justamente, con actas, autorizaciones y trazabilidad. Documentar no es burocracia: es lo que protege a la empresa y a quien decide.
¿La asesoría permanente cubre los temas societarios de una SAS?
Sí. El acompañamiento societario incluye actas, estatutos, reformas, acuerdos de accionistas y gobierno corporativo. Un punto que se revisa con frecuencia es la coherencia entre los acuerdos privados y los estatutos: como recordó la Superintendencia de Sociedades en el Oficio 220-099807 de 2023, un pacto de accionistas (art. 24) no puede desconocer por sí solo el régimen de mayorías ni las reglas estatutarias. Alinear ambos documentos antes de que exista una disputa es parte del trabajo preventivo.

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